El más reciente Índice Global de Innovación 2025 (GII), elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (WIPO), ubica al Perú en el puesto 80 de 139 economías, lejos de su posición 71 alcanzada en 2015. El dato evidencia una pérdida sostenida de competitividad en innovación y tecnología, en un contexto global donde la inteligencia artificial, la transformación digital y la innovación empresarial marcan el ritmo del crecimiento económico.
Según el informe, el país ocupa el puesto 72 en condiciones habilitantes de innovación y el 93 en resultados, lo que refleja una brecha estructural: Perú forma talento, pero no convierte ese conocimiento en productos, servicios ni patentes. Mientras naciones como Chile, Brasil y México avanzan en la región, la economía peruana mantiene un ritmo lento que limita su capacidad de transformación productiva.
El Estado como habilitador, no como protagonista
El análisis publicado por Perú 21 enfatiza que el principal problema no es la falta de talento, sino la ausencia de un Estado que actúe como socio del sector privado y no como su obstáculo.
En el Perú, los cambios frecuentes de reglas, la demora en licencias y la multiplicación de trámites crean incertidumbre. El artículo señala que “las empresas aprenden a sobrevivir, no a innovar”.
De acuerdo con la WIPO (2025), los países con mayores avances en innovación —como Corea del Sur, Israel o Estados Unidos— comparten un patrón: el Estado regula, incentiva y acompaña, pero deja que la empresa lidere el riesgo. Esa cooperación público-privada es la que permite transformar capital humano en productividad.
En contraste, el gasto empresarial en investigación y desarrollo (I+D) en Perú representa apenas el 0,05 % del PIB, mientras que el gasto total en I+D, sumando inversión pública y privada, llega al 0,16 %. En la región, el promedio es 0,4 %, y en los países de la OCDE supera el 3 %.
Una economía que produce poco valor innovador
El estudio también muestra que solo el 5 % de las exportaciones manufactureras peruanas corresponden a productos de alta tecnología, frente a un promedio regional del 10,4 %.
Este indicador se ha mantenido estancado por más de una década, mientras que economías como Chile y Ecuador han duplicado su participación de bienes tecnológicos.
De acuerdo con datos de ComexPerú (2025), esta brecha refleja una desconexión estructural entre la academia, el Estado y la empresa. Sin políticas que faciliten colaboración, incentivos fiscales a la innovación o esquemas de coinversión en I+D, la estructura productiva se concentra en sectores tradicionales, sin diversificación tecnológica ni valor agregado.
El Índice Global de Innovación clasifica a Perú en el puesto 120 en “sofisticación de negocios”, el pilar más débil del país. Allí se miden factores como colaboración universidad-empresa, inversión privada en ciencia y desarrollo de clusters tecnológicos.
Competitividad y transformación digital: una urgencia compartida
El retroceso en innovación tiene implicancias directas en la estrategia tecnológica y en la capacidad de liderazgo de las organizaciones peruanas. En entornos donde la inteligencia artificial y la automatización determinan productividad y crecimiento, la falta de inversión en conocimiento reduce la competitividad nacional y empresarial.
Los especialistas coinciden en que la innovación no surge de decretos, sino de ecosistemas estables y colaborativos. La coordinación entre sector público, privado y académico podría impulsar la creación de startups, aumentar la transferencia tecnológica y fortalecer las capacidades de investigación aplicada.
En este contexto, las empresas que adopten una cultura de liderazgo ágil, fomenten habilidades del futuro y aprovechen tecnologías emergentes tendrán mejores posibilidades de adaptarse al entorno global. El reto no está solo en innovar, sino en construir estructuras que hagan posible la innovación de manera sostenida.
Cerrar la brecha: de la inercia a la acción
El informe de la WIPO y los análisis locales coinciden en un diagnóstico: Perú cuenta con bases sólidas, talento, recursos y conectividad, pero carece de un marco institucional que transforme esas capacidades en innovación medible.
La conclusión es clara: sin un Estado que establezca reglas estables y sin un sector privado dispuesto a invertir en conocimiento, la economía peruana permanecerá en el margen de la revolución tecnológica.
En palabras de Perú 21, “el problema central es que el Estado peruano no ha entendido que su rol no es hacer innovación, sino hacerla posible”.
Fuentes
-
Perú 21 (2025). “Perú se está quedando atrás: sin innovación no hay futuro.” peru21.pe
-
ComexPerú (2025). “Perú cae cinco puestos en el Índice Global de Innovación 2025.” comexperu.org.pe


